Alfabetización digital

En nuestro país, cada vez hay más adolescentes que cuentan con un smartphone que les permite estar conectados con sus pares a través de las redes sociales y acceder a muchísima información mediante las páginas web. El creciente acceso a las tecnologías de la información y la comunicación en los hogares peruanos, ha permitido que el internet lidere las preferencias de los adolescentes en los ratos libres y los fines de semana (Arellano, 2013). Tanto en el hogar como en el colegio, los hábitos tecnológicos de los chicos evidencian su pertenencia a una generación que posee la comunicación digital como componente de su vida cotidiana, a diferencia de sus padres que a esa edad no tuvieron esa opción.

Vistas desde la escuela, estas circunstancias plantean un desafío. La accesibilidad sin restricciones a la información que caracteriza las TICs, puede convertirse en su mayor debilidad debido a que la ‘autopista de la información’ brinda tantos datos que sin las habilidades apropiadas, el usuario inexperto puede acabar en un embotellamiento, por llamarlo de alguna manera. Asimismo, aunque nos permiten estar más comunicados, su uso requiere un acceso individual que suele volverse solitario (es frecuente que los padres y los maestros se preocupen porque los chicos se desvelan o se encierran en sus dormitorios con el celular). Sin embargo y a pesar de estos riesgos, sus beneficios son muchos y se pueden apreciar muy bien desde la perspectiva de la colaboración.

Estas coordenadas hicieron que en el año 1997 Gilster acuñara el término “alfabetización digital” refiriéndose a las habilidades para comprender y usar la información en diversos formatos. Desde entonces han aumentado los debates por establecer en qué consiste  y qué requiere este nuevo proceso.  Algo que está claro para los educadores es que sus alcances no se reducen a un equipamiento (hardware) o actualización (software) ofimáticos sino que tienen que ver con las nuevas exigencias de la “sociedad del conocimiento”, para la cual el mayor capital es el saber.  Aunque se proponen diversas taxonomías al respecto, suelen coincidir en que la alfabetización digital se refiere a un conjunto de competencias para aprender a aprender, para comunicar y colaborar a través de las plataformas digitales de manera activa y significativa, bajo una perspectiva crítica, científica y ciudadana.Alfabetización digital

Pero, me pregunto: ¿a quién le corresponde el protagonismo en la alfabetización digital del sector educativo?, ¿a las autoridades, a los directivos, a los padres o a los profesores?, ¿damos por supuesto que ya se ha realizado?, ¿somos conscientes de su necesidad?, ¿hemos dispuesto los recursos adecuados? Aunque la necesidad es evidente a veces parece que todavía quedan por precisar la urgencia, los roles, tareas y medios de la misma.

El carácter personal de la educación nos indica una solución concreta para este desafío: hacen falta usuarios experimentados y maduros que formen a los nuevos a fin que no se pierdan en la abundancia sino que tengan la capacidad de pasar de la información al conocimiento y de este a la colaboración. En este sentido, hay que reconocer que el profesor -cuyo oficio se define justamente en relación al aprendizaje que promueve en las personas- es alguien que está muy bien dispuesto para aprender las nuevas formas de aprender de los alumnos y para guiarlos en los retos que ellas les imponen. Con su ayuda, los niveles de reflexión, análisis, síntesis, colaboración, pensamiento crítico y creativo, etc. se vuelven más que una declaración de buenas intenciones (continuamente reclamadas en los discursos contemporáneos sobre la educación).

No obstante, el maestro no es un ente aislado que ofrezca un servicio puntual, no. Él es parte de la comunidad más amplia que es la escuela. En ella, a los directivos les toca estimular e implementar una apropiada alfabetización digital y no quedarse satisfechos solamente con la provisión de ambientes e instrumentos. ¿Esto significa que la escuela deba enviar a cursos a los docentes? No necesariamente, pero lo que está a su alcance y acaso sea más conveniente es que podrían diseñar un proyecto comunicacional que tenga por propósito principal la integración de la comunidad educativa mediante el uso de las TICs bajo un enfoque corporativo, académico, colaborativo y gradual. De esta manera, los alumnos encontrarían que los estilos de vida saludables que les son presentados en la escuela integran armónicamente el factor tecnológico- comunicativo en el que se encuentran.

Los responsables de cada colegio harían bien en revisar si están ocupándose de esta nueva frontera formativa disponiendo personas y medios adecuados o si la están obviando con excusas o pretextos anacrónicos. Es cierto que los padres de nuestros alumnos también se encuentran en esta encrucijada, pero muchas veces nos toca recordarles que están implicados no solo para ponerse al servicio de los dispositivos y su conectividad,financiando sus costos, sino para señalar con claridad las oportunidades que brindan y los límites que requieren.

Acerca de David Arévalo

Soy un Educador y Profesor de Filosofía.

Publicado el octubre 29, 2015 en TIC y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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