Educar a… Alejandro, María, José, Daniela, Arantza… o sea, personas

Al comenzar la jornada cada día en la escuela, nuestras miradas se entrecruzan con las de los alumnos que asisten a ella. Una vez en el aula, el maestro hace sus mejores esfuerzos para que la actividad que planificó para el dictado de su curso de ese momento se lleve a cabo a la par que el estudiante aprenda interiorizando la lección. Luego cambia la asignatura y también el profesor y se repite la faena hasta acabar la jornada escolar diaria y todos vuelven a sus hogares.

¿Esto resume la vida escolar? No, es el resumen de uno de sus aspectos. La vida de los chicos en la escuela es mucho más variada; ellos suelen darse cuenta. Esa descripción deja de lado los acontecimientos más importantes que se juegan cotidianamente en el colegio.

¿Cuáles son esos sucesos tan relevantes? Lo son el despliegue  de las facultades humanas que se llevan a cabo a través del libre querer de todas las personas que se dan encuentro en la escuela. Para el profesor, por ejemplo, no hay duda del ejercicio libre de sus acciones ya que va acompañado de unas responsabilidades que no puede dejar de lado: la organización del hogar, del tiempo, de sus conocimientos, el amor por su familia, el pago de sus deudas, su porte personal, la preparación de su actividad y el ejercicio de la misma, el trato a sus alumnos, etc. Sus coordenadas hacen patente la dimensión personal de su vida, a saber, que pone en juego sus capacidades haciéndose cargo de ella al ocuparse de sus necesidades y de las de las otras personas con quienes coexiste.

A su manera, los chicos se encuentran en la misma coyuntura existencial: poseen una vida de la cual hacerse cargo aunque hay que preguntarse si sus padres y educadores son conscientes de que los chicos tengan esa tarea y si están actuando en consecuencia brindándoles oportunidades de acción responsable. Se presentan muchos casos en que limitan su accionar es al mínimo indispensable para que no lleguen a equivocarse. ¿Acaso les asustamos con nuestros miedos de los errores posibles que puedan cometer?

De hecho, que estimulemos el desarrollo personal de su vida no representa una inversión económica adicional. Sin olvidar la diferencia de capacidad en cada edad, los discentes tienen a su disposición un repertorio de oportunidades ordinarias para ejercer su libertad: su organización personal, sus estudios, su vida social, sus necesidades, sus preferencias, sus pasatiempos, sus encargos y responsabilidades. Por su parte, las actividades de la escuela también representan un amplio repertorio de ocasiones para promover la libertad de los estudiantes a fin de que actúen configurando y reconfigurando positivamente su humanidad.

El entorno de oportunidades de nuestros hijos representa un desafío para la disposición que los adultos tengamos para fomentar o cercenar su autonomía personal. No se trata de que no se equivoquen, se trata de que hagan su mejor esfuerzo por hacer las cosas bien, aunque en ese intento también cometan errores. Que se equivoquen es un costo que tiene un precioso valor formativo ya que se puede aprender mucho aunque esa dinámica solo se puede alcanzar si la orientamos en clave de perfeccionamiento, es decir, de mejora. De esta manera contamos con una guía para la toma de decisiones a fin que no se pierda en la incertidumbre y devenga en arbitrariedad ciega (volverse esclavos de los caprichos) ya que actuar libremente no es simplemente hacer lo que me venga en gana porque la libertad no es ciega: equivocarse al decidir puede alejarnos de nuestro destino, de nuestra felicidad.

La educación centrada en la persona requiere que cada uno responda una interrogante que es acaso de las más importantes en la educación: conocerse a sí mismos, es decir, que ellos descubran sus propios talentos y quieran aprovecharlos. Pero, ¿cómo conseguirlo?, ¿cómo lograr ambas cosas? Tal vez la cercanía de personas que hayan hecho ese camino antes que ellos podría despertar esa curiosidad y motivar la acción.

Los profesores son quienes hacen viable una propuesta educativa centrada en la persona, pero ¿será factible que los educadores ayuden a crecer a los chicos si ellos mismos no ejercen una dirección personal en sus vidas? Es decir, ¿deciden en vistas de su propia mejora y de las otras personas?

Ciertamente, al lector le urgirá aterrizar esta consideración de lo personal en el sector de la educación y para ello tendrá curiosidad por los cauces operativos: los medios que se crean y ponen a disposición para alcanzar tales fines formativos que propone la educación centrada en la persona. Aunque la riqueza y pertinencia de los medios apuntala y asegura el logro de los fines, es justo reconocer que ese carácter medial tiene relación no solo con el fin sino sobre todo con el agente personal: alguien dispone de medios para lograr ciertos fines; sin persona se pierde el dinamismo a que se refieren ambos parámetros. En ese sentido, la educación es oportuna cuando los educadores se proponen “ayudar a crecer” a los alumnos; no acompañarlos, contemplarlos, complacerlos o exigirlos sino más bien reconocer el carácter personal de la vida de los mismos y brindarles planes de acción con medios concretos y apropiados para que poco a poco se hagan conscientes de sus facultades y se hagan cargo de sus vidas mejorándolas y mejorando el mundo en que se encuentran.

Esta consideración sobre los medios nos devuelve al comienzo: para que una propuesta educativa pueda ser realmente personal, hace falta que los educadores que encarnan tal proyecto hayan abordado su vida de forma personal, es decir, que sean personas conscientes de su singularidad y del impacto de sus decisiones para su propio desarrollo y de los demás. Por su parte, ¿la escuela favorece que los maestros crezcan de esa manera, no le importa o los manipula? O sea, ¿la escuela ayuda a crecer como personas a sus profesores?

El directivo escolar tiene el difícil reto de articular una rica propuesta educativa al servicio de las personas del centro, solo que personas lo son tanto los educandos como sus educadores y demás colaboradores. Hablar de educación centrada en la persona y no tratar como personas a todos sus miembros podría ser, a lo mucho, una manifestación de buenas intenciones.

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Acerca de David Arévalo

Soy un Educador y Profesor de Filosofía.

Publicado el junio 7, 2017 en Educación, Pensamiento y etiquetado en , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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