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Educar y servir


En un organización encontramos una dimensión formal o institucional (figura legal, reglamentos, planes, programas, protocolos, etc.) y otra que se refiere a la parte viva de la misma, es decir, a las personas concretan que la conforman.

Pues bien, se puede decir con bastante verdad -me parece- que la Escuela (que es una organización) está hecha para ayudar a crecer a sus miembros. En orden de prioridades, están los alumnos y sus familias pero también se encuentra comprendido como beneficiario el equipo profesional y técnico involucrado (directivos, maestros, auxiliares, administrativos, etc.)

Bajo este punto de vista, hay que decir que en la Escuela no solamente “crecen” los chicos sino también los adultos. Sin embargo, tal como grafican estas escenas de los Increíbles, a veces no lo tenemos tan claro.

Un obstáculo que puede llegar a ser muy costoso (por los gastos que implica y por las inversiones que impide)  es la burocracia.

A veces me cuestiono si acaso priorizamos los procesos y procedimientos por encima de las personas beneficiarias, ¿acaso nos agotamos en complejas formas de planificación?  Cuando esto ocurre, suele pasar desapercibido uno de los aspectos fundamentales del acontecer educativo que es la relación que se establece entre el maestro y los alumnos, en vistas a la parte intangible y vital de la escuela que es el crecimiento de las capacidades de nuestros alumnos.

Si priorizamos la parte administrativa de la actividad educativa, ¿estaremos descuidando los esfuerzos por hacer más significativas las sesiones de aprendizaje?, ¿seguiremos renovando nuestras prácticas y usando bien los recursos disponibles?

No propongo prescindir de la dimensión formal de la escuela; lo que pido es no olvidar que ella está al servicio de algo más elevado, esto es, del desarrollo de las personas que la componen: el acontecimiento educativo no puede programarse/ planificarse/ determinarse completamente de antemano.

En el aula y en la escuela l@s chic@s nos desbordan y desbordan nuestros planes ya que no todos tienen las mismas disposiciones, debido a que cada uno es único y debido a que los adultos también seguimos creciendo.

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Detrás de la pizarra/ Beyond the blackboard

Educar a los hombres no es como llenar un vaso, es como encender una hoguera (Aristófanes)


En este video, el profesor Ken Robinson pone de manifiesto los orígenes del “sistema” educativo que con ciertas variaciones, todavía se mantiene vigente en nuestra sociedad.

¿Acaso nuestra manera de comprender la educación comparte estos supuestos que a fin de cuentas, nos presenta a un estudiante- máquina? Un individuo que -con los debidos ingredientes (“correcta” conducta, tareas cumplidas, lecturas homogéneas, uniforme pulcro, libros, cuadernos, buenas notas, deporte, puntualidad, etc., etc.) deba darnos un resultado medible y cuantificable. En otras palabras, ¿basta con el input para establecer un output previsible en las personas?

Pienso que al comprender mejor a los protagonistas del acontecimiento educativo en la escuela, esto es, los alumnos y los maestros, podríamos ubicarnos mejor ante esa desafiante y arriesgada actividad que pivota en gran medida en el intangible factor de la libertad.

Con ello aclarado entonces es más fácil determinar los fines: ayudar a crecer a las personas en lo que les es más propio (desarrollar sus facultades, encontrar el destino que a cada le ha tocado en la vida, etc.).

A su vez, esclareciendo los fines, los medios (currículo, materiales, infraestructura, normas) cobran un sentido más potente y se colocan al servicio de las personas.

En fin, sobre esto hay todavía mucho que profundizar, pero repito: cada persona es mucho más que lo que conocemos de ella y puede llegar mucho más -también mucho menos- lejos de las condiciones en que se encuentra.

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