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Educar a… Alejandro, María, José, Daniela, Arantza… o sea, personas


Al comenzar la jornada cada día en la escuela, nuestras miradas se entrecruzan con las de los alumnos que asisten a ella. Una vez en el aula, el maestro hace sus mejores esfuerzos para que la actividad que planificó para el dictado de su curso de ese momento se lleve a cabo a la par que el estudiante aprenda interiorizando la lección. Luego cambia la asignatura y también el profesor y se repite la faena hasta acabar la jornada escolar diaria y todos vuelven a sus hogares.

¿Esto resume la vida escolar? No, es el resumen de uno de sus aspectos. La vida de los chicos en la escuela es mucho más variada; ellos suelen darse cuenta. Esa descripción deja de lado los acontecimientos más importantes que se juegan cotidianamente en el colegio.

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Planificación educativa


En estas fechas solemos preparar el año escolar planificando las actividades educativas. La ventaja que implica no requiere justificación ya que es condición necesaria para la buena marcha de la organización educativa.

Sin embargo, pienso que conviene tener en cuenta que la tarea educativa -de ambos: educador y educando- es por antonomasia un ejercicio de libertad y como tal no puede predeterminarse completamente.

En este sentido, el aporte personal del educador -que tiene nombre y apellido- es fundamental. Los planes, horarios, funciones y responsabilidades establecidas están al servicio de unos actores que aportan –si quieren– mucho más que lo previsto para el día a día de la institución educativa.

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Más que recalcar normas, los directivos pueden dirigir sus esfuerzos a convencer a los educadores para que quieran dar lo mejor de sí en pos de los objetivos formativos. Insistir prioritariamente en los compromisos formales puede conducir a que todos sepan lo que deben hacer, pero esa insistencia no bastará para que quieran hacerlo.

Gigantes de acero (Real Steel)


Viendo la película tan bien protagonizada por Hugh Jackman, pienso que la trama tiene por fondo la historia de dos personas (Charlie y Max) cuyas vidas se ven confrontadas por una oportunidad de ser mejores que como son y superar los errores del pasado.

Pienso que esta situación es frecuente en la vida: la toma de decisiones. Algunas decisiones nos hacen peores y eso está muy bien representado en la puesta en escena de un Charlie “acabado” y mediocre pero que antes fue una estrella; sin embargo, nuestra vida sigue su dinamismo y por ello el protagonista es confrontado por la novedad más radical que puede haber (Hannah Arendt comentando a San Agustín): un hijo (Max), que está comenzando a tomar sus decisiones.

Fruto de esta coyuntura y de las bellas personas que les rodean tanto a Charlie como a Max, ambos deberán tener valentía y llegar mucho más lejos que donde estaban al comienzo. Mientras se realiza este avance y en la medida en que Charlie lo asume, se le nota como más feliz, más seguro, más firme, más padre para su hijo.

Me pregunto si a pesar de la rutina de la vida cotidiana, logramos detectar las oportunidades que se presentan para ir más allá de donde nos encontramos, para ser mejores que como somos y ser más felices.

Parte de la vida humana se juega en ello, me parece.

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