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Educar a… Alejandro, María, José, Daniela, Arantza… o sea, personas


Al comenzar la jornada cada día en la escuela, nuestras miradas se entrecruzan con las de los alumnos que asisten a ella. Una vez en el aula, el maestro hace sus mejores esfuerzos para que la actividad que planificó para el dictado de su curso de ese momento se lleve a cabo a la par que el estudiante aprenda interiorizando la lección. Luego cambia la asignatura y también el profesor y se repite la faena hasta acabar la jornada escolar diaria y todos vuelven a sus hogares.

¿Esto resume la vida escolar? No, es el resumen de uno de sus aspectos. La vida de los chicos en la escuela es mucho más variada; ellos suelen darse cuenta. Esa descripción deja de lado los acontecimientos más importantes que se juegan cotidianamente en el colegio.

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El “core business” de la educación


Es un lugar común que al proponernos erigir nuevas instituciones educativas o hacer cambios sustanciales en las mismas, solemos ocuparnos de la misión, visión y luego revisamos los aspectos legales (licencias, autorizaciones de funcionamiento, certificado de defensa civil, ministerio de trabajo, etc.), infraestructura y equipamiento (planos, normas, presupuestos, mobiliario, equipos, etc.), pedagogía (plan de estudios, carteles de contenidos, proyecto curricular, diversificación, sílabos, útiles escolares, materiales, etc.), finanzas (costos de inversión, costos de funcionamiento, flujo de caja, punto de equilibrio, fuentes de financiamiento, etc.), administración (matrículas, pensiones, contratos, planillas, impuestos, procedimientos, registros, actas de notas, constancias, etc.), organización (organigramas, protocolos, manuales de funciones, etc.)

Parece ser que definiendo estos asuntos, el proyecto está completo y solamente faltaría proveer al equipo de la gente y los recursos para llevarlo a cabo. Sin embargo, quisiera proponer dos cuestiones: ¿tenemos clara cuál es la esencia de la actividad educativa? o, con otras palabras, ¿cuál es el core business de este sector económico? Y además, ¿por qué los padres de familia matricularían a sus hijos en este colegio y no en otro? Ciertamente hay diversas respuestas, como diversas son las instituciones educativas; no obstante, me permito ofrecer una reflexión al respecto. Lee el resto de esta entrada

Vacaciones… de los hijos


Cuando llega el verano y las vacaciones del colegio con él, también comienza una preocupación para los padres: ¿qué van a hacer en esos días? Muchos encuentran la respuesta en los cursos de verano que ofrecen diversas instituciones. Sin embargo, cada día tiene más tiempo que el que ofrece un curso de verano matutino… y que los chicos completen el tiempo viendo la tele o jugando videojuegos no es la mejor alternativa.fin-de-colegio-vacaciones-verano-cuentamesister

Opino que los padres primero deberían plantearse en qué son buenos sus hijos y qué cualidades le falta desarrollar porque así les conviene o porque han mostrado poco avance durante el año. De esto quedan claras las prioridades que requieren acciones para ser llevadas a la practica. Con esa información, hay que ver qué curso o taller necesitan mis hijos y también qué otras cosas pueden hacer en el tiempo libre.

Dicho eso, propongo -a los padres- un plan de acción: Lee el resto de esta entrada

Trabajo y felicidad


Hace poco descubrí un libro precioso en la biblioteca de mi colegio. Se trata del libro “El elemento” de Sir Ken Robinson.
No pretendo reseñarlo aunque sí aprovecho esta tribuna para comentarlo y recomendarlo.
Podría decir que este texto es una invitación a evaluar si somos felices y hacemos felices a los demás con nuestro trabajo ya que relaciona las variables profesión, talentos y felicidad.
Con la ayuda de innumerables ejemplos de personas destacadas, el autor nos reta a considerar si hemos hallado y apreciado nuestro “elemento”, es decir, los propios talentos y si les estamos sacando todo el provecho que se puede, ya que cuando los descubrimos y aprovechamos las cosas se vuelven más fáciles y nuestra creatividad se dispara: como cada persona es única, ellos nos permiten hacer la diferencia dondequiera que estemos y su crecimiento parece no parar nunca.
En estas líneas se nos invita a pensar de forma diferente ya que a diferencia de los prejuicios o estereotipos vigentes, más que carreras de futuro, hay hombres de futuro. De ahí que para elegir la profesión y el empleo haya que tener en cuenta el conocimiento de los propios talentos.
Poco a poco, Robinson desvela ante el lector los entresijos de esta manera de enfocar la vida y el trabajo. Va desde el cambio de mentalidad hasta la necesidad de encontrarse con otros como uno, con talentos e intereses similares (“la tribu”). De fondo, reitera la importancia de conocerse a uno mismo para identificar en qué somos buenos y tener la valentía de hacer las cosas con esperanza en que nuestro talento puede llevarnos lejos.
De paso, y muy a su estilo, hace una crítica a la versión impersonal de los sistemas educativos vigentes que, al masificar a sus estudiantes no ayudan al autoconocimiento de los talentos y acaban ahogándolos con multitud de cosas políticamente correctas.

¿Cómo enseñar a pensar a los hijos?


Nuestros hijos están aprendiendo muchas cosas y necesitan de nuestro acompañamiento experto porque no todo lo que piensan tiene el mismo valor. Pensar, pensamos todos, pero acá consideramos el correcto pensar, el pensar que aclara dudas y enuncia soluciones (también se puede pensar oscureciendo las dudas y las soluciones).

cambiarkr4Observar atentamente es uno de los primeros pasos para pensar; hacer el esfuerzo de concentrar la atención en un asunto para distinguirlo de otros es muy importante. Por el contrario, curiosear en todo lo que llama la atención no es buena receta ya que conduce a estar enterados de todo pero superficialmente.

La reflexión personal, el esfuerzo por comprender a fondo lo experimentado: buscar las causas, comprender las consecuencias compararlo con lo que yo –el hijo- ya pensaba sobre el tema.

Descubrir que la verdad produce una sensación de seguridad en quien la conoce y mientras menos verdad se tiene, menos seguro uno se siente. Lo contrario sería un error: el médico diagnostica una enfermedad y prescribe su tratamiento porque sabe lo que hace no porque así lo siente.

El estudio de casos. Podemos conversar con nuestros hijos sobre un tema cercano conocido por ambos y animarle a comprender las causas del suceso así como sus consecuencias; analizar si hubiera comenzado de otra forma, cómo habría acabado, cómo podrían haberlo resuelto de otra manera, etc.

La investigación continua también es una alternativa: comprender las ideas y las soluciones de otros nos da un ejemplo de cómo hacerlo nosotros y por lo general nos adelanta enormemente en el conocimiento. Por ejemplo leer juntos el editorial de un periódico serio y alentarle a identificar lo que dice y lo que supone relacionándolo con lo que acontece realmente.

Más que enseñar, hay que aprender a pensar ya que es una actividad personal. En la vida hay que aprender a pensar bien de forma que guíe mi obrar para ser feliz (todos los padres deseamos que nuestros hijos sean felices). Esta es la primera condición y la segunda es que sea en cuestiones relativas a la edad y capacidad de los chicos.

¿Y si no nos ocupamos de esto? Pues otros lo harán… Tal vez –con sus riesgos – nuestro mismo hijo, sus amigos, la televisión o el internet. A nosotros nos toca promover, ¿estamos dispuestos?

Familia y sexo


Apuntes para padres y otros educadores acerca de qué es y cómo conducir la educación sexual de los niños y adolescentes:

¡Feliz Navidad y próspero año nuevo!


¡Feliz Navidad y próspero año nuevo!

Desde esta bitácora nos unimos a la alegría de esta festividad que tiene a una familia como protagonista.

¿Cultivar el intelecto o el alma?


senecaTe he referido estas cosas para demostrarte cuán impetuosos serían los impulsos de los novicios hacia las cosas más altas si alguien les exhortara, si alguien les animara. Por el contrario, se yerra, un poco por culpa de los discípulos, que llevan a los maestros el propósito de cultivar el intelecto o la ciencia y no el alma, y así lo que fue filosofía se ha convertido en filología, y lo que fue sabiduría se ha convertido en algo que ahora llamamos ciencia.

Cómo elegir un buen colegio


En primer lugar, es vital que los padres tengan claro que los responsables de la educación de los niños son ellos no el colegio. En este sentido, deben saber en qué valores quieren formar a sus hijos y en vistas a ello organizar lo demás: tareas domésticas, diversión, juguetes, religión, premios, castigos, amistades, horarios de trabajo… el colegio.

Para escoger un colegio, es indispensable tener en cuenta:

  1. Aspectos legales. El colegio debe contar con autorización vigente del Ministerio de Educación, que suele otorgar a través de sus dependencias descentralizadas. Esto asegura el mínimo indispensable ya que supone la licencia de funcionamiento municipal y el certificado de defensa civil.
  2. Infraestructura. Cada nivel de estudios debe contar con aulas propias para la enseñanza y con patios, laboratorios (computación, idiomas, física, química, etc.), consultorio  psicopedagógico, tópico, aula de psicomotricidad, capilla, salas y campos deportivos, etc. Sin  los ambientes suficientes no se asegura el desarrollo de todos los aprendizajes requeridos ni el ambiente de concentración y amistad en que nuestros hijos pasarán buena parte del día.
  3. Equipo de trabajo. Por lo general, los profesores deben tener título pedagógico. Ha de haber personal administrativo, psicólogo, paramédico y autoridades académicas con experiencia.
  4. Proyecto educativo. Lo anterior es estéril si la institución educativa no cuenta con objetivos y planes de acción concretos para el corto, mediano y largo plazo, sustentado en la respectiva realidad a la que pretende servir.
  5. Inversión económica. Ni la mensualidad más elevada asegura calidad ni la más barata significa deficiencia. La relación aporte- calidad no es homogénea en nuestro medio. Conviene identificar todos los montos por matrículas, pensiones y demás conceptos y considerar los colegios que están a nuestro alcance pero sin descuidar los demás criterios enunciados.
  6. Ubicación. Cuando los padres trabajan es preferible que cada día alguno de ellos acompañe al hijo a la escuela por el impacto afectivo de esta presencia (tal vez no nos vuelvan a ver durante el día) y porque es más rápido informarse con los maestros a primera hora (previa coordinación). En este sentido, si el colegio está cerca a la casa se facilita esta relación con el añadido de que el chico se introduce y reconoce su medio de forma cotidiana.
  7. Referencias. Si usted tiene amigos o conocidos que tienen a sus hijos en el colegio potencialmente elegido, usted ganará mucho si les pregunta por su satisfacción con el mismo.
  8. Retroalimentación: Una vez comenzadas las clases, conviene evaluar si la primera impresión tenida se confirma con el paso del tiempo. Esto se hace cada día cuando los padres comentan los deberes escolares que han ayudado a hacer al hijo, observando cuán contento se siente el niño al referirse a la escuela, en las opiniones compartidas con los otros papás en las reuniones, en las entrevistas con los profesores, etc.

En una o dos entrevistas con el representante del colegio se puede obtener buena parte de esa información. No olvide pedir un recorrido por los ambientes escolares y conocer las fechas de inscripción y matrícula.

Recuerde que estas indicaciones no sirven para nada si se consideran aisladamente: los padres o tutores deben saber en qué quieren formar a sus hijos y las instituciones educativas elegidas deben ser serias y veraces con ellos.

Matrimonio y educación


La familia es el principal aliado de la escuela, escucho a veces. Pero sostener esto es un error; la cuestión es al revés.

La escuela ayuda y apoya a los padres en su misión y proyecto de formar y preparar para la vida adulta a sus hijos. Por eso, cuando la familia falla el impacto negativo es inmediato en el niño o adolescente y… en la escuela. Los educadores conocen esta realidad y por eso saben que tiene mucho sentido fomentar la estabilidad familiar.

En la película “Out of time” (2003), estelarizada por Denzel Washington y Eva Mendes, se nos presenta un caso de cómo se estropea la propia vida cuando se rompe el matrimonio.

La película nos muestra a un Comisario que rompe con todos sus códigos de conducta (se lía con una señora casada, roba el dinero incautado, miente, asesina…) pero con la prudente ayuda de su esposa, retoma el orden y vuelve a ser feliz, con ella, aunque se quede sin dinero…

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